Discurso de ingreso

Arqueóloga, Manzanilla Naim Linda Rosa

 

9 de abril de 2007.

 

El arqueólogo se enfrenta a ese Tiempo sólo con las armas de la humildad, la observación acuciosa, la lógica de los patrones repetidos, la destreza de atar cabos que parecen no estar unidos. Pero sin duda ese “Tiempo” con mayúscula otorga retribuciones a quienes con respeto lo enfrentan: las recompensas de la comprensión profunda del comportamiento de los seres humanos y las civilizaciones, y, en algunos casos, la predicción de su actuar.

 

Los antropólogos que trabajan con personas vivas hablan de relativismo cultural, que les permite entrevistar a sociedades con otros parámetros de pensamiento, tratando de imponer lo menos posible sus propios esquemas a lo que observan. Sin embargo, de alguna forma los antropólogos invadimos el pensamiento ajeno al interpretarlo. En ocasiones me he preguntado si no es demasiado arriesgado meterse en la mente de los otros para descifrar esos patrones repetidos: qué quisieron decir con esto, qué implicaron con aquello.

 

Pareciera magia, pero es solamente paciencia en la observación, detección y registro, capacidad de asociación y lógica.

 

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