“Enorme”, la sordera política hacia la ciencia: Alejandro Frank Hoeflich

Proceso | 10 abril 2016
“Enorme”, la sordera política hacia la ciencia: Alejandro Frank Hoeflich


Publicado en: Proceso | 10 abril 2016 | http://www.proceso.com.mx/436394/enorme-la-sordera-politica-hacia-la-ciencia-alejandro-frank-hoeflich

Los grandes problemas nacionales, como la falta de agua, cambio climático, la inseguridad y el narcotráfico, la energía, la educación y hasta el de la diabetes, que se ha convertido en una “epidemia”, sólo pueden atenderse desde la “complejidad”. Es decir, con la participación de especialistas de diversas disciplinas, científicas y sociales, considera el físico nuclear y molecular Alejandro Frank Hoeflich, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sin embargo, el académico nacido en la ciudad de Monterrey en 1951 señala que la participación de la academia en las decisiones políticas importantes sobre esos temas es “casi nula. Por ello se propuso crear el Centro de la Complejidad (C3), cuyas actividades iniciaron formalmente en 2009, si bien fue hasta octubre del año pasado cuando se inauguró su sede en la Ciudad Universitaria, a unos pasos del Centro Cultural Universitario y frente al Universum Museo de la Ciencia.

Admirador del astrofísico y cosmólogo estadunidense Carl Sagan (1934-1996), a quien considera un gran divulgador del conocimiento científico, Frank Hoeflich ingresó a El Colegio Nacional la noche del 30 de marzo, con una ceremonia encabezada por el también científico Ruy Pérez Tamayo, en la cual dio su lección inaugural titulada De lo elemental a lo complejo. Respondieron su discurso los doctores Octavio Novaro Peñalosa y Pablo Rudomín.

En entrevista concedida a la agencia Apro, en la sede del C3, días antes de su ingreso, Frank explica que en su ponencia lo elemental no sería lo trivial o superficial, sino los elementos que componen la materia, los elementos de la naturaleza, y cómo su estudio debe ser a partir de la complejidad.

Ese fue el origen del C3, cuyo objetivo –refiere– es vincular más el conocimiento con la sociedad, tratar de incidir más directamente en ella, y ser un lugar de encuentro entre distintas disciplinas: “Todos los problemas complejos que tenemos hoy en día: La salud, la educación, el medio ambiente, la energía, la seguridad, etcétera, son problemas complejos. ¿Qué quiere decir complejo? Pues que requieren de un análisis multidisciplinario. Son problemas donde las componentes del sistema no explican al sistema.”

Recuerda que durante mucho tiempo, como parte de la investigación en física elemental, se separaban los sistemas. Estudiaba entonces átomos y núcleos del tamaño de una millonésima de centímetro. No le importaba el día, la noche, el frío o el calor, porque su análisis estaba “prácticamente separado del resto de las escalas”.

Ahora no se puede seguir haciendo lo mismo pues los sistemas son complejos. Pone como ejemplo un estanque de agua en la selva, donde hay plancton, insectos, mamíferos, plantas y demás, y se requieren especialistas en cada disciplina para su análisis global, y considerar además que la falta o daño a cualquiera de estos elementos desencadena una catarata que afecta todo el sistema.

Otro ejemplo, y en el cual indica además que han comenzado a incidir, es la considerada “una de las epidemias más grandes del país”: La obesidad y la diabetes. A decir suyo no es un problema exclusivamente médico, sino fundamentalmente social:“Pasa por la pobreza y por la falta de educación, por los problemas económicos y pasa –por supuesto– por la fisiología, la genética, etcétera. Es muy parecido a este estanque del que hablaba.”

Para resolver ese problema, dice el doctor en física egresado de la UNAM y discípulo de Marcos Moshinsky, se necesitará verlo como una red gigantesca, pues además como resultado de “un país tan inequitativo como el nuestro”, cuando los enfermos llegan a la atención médica lo hacen en un estado “grave”, “desastroso”. Se habla, cita, de que además le cuesta a México la tercera parte del presupuesto para salud.

“Lo mismo en seguridad y el narcotráfico, no es un problema económico, es un problema –digamos– de adicción, de falta de oportunidades y es un problema económico, claro, que ha penetrado en todas las redes económicas del país. Entonces, todos estos problemas requieren de un enfoque multidisciplinario, que estamos tratando de crear aquí.”

Admite que puede parecer ambicioso, pero considera que las universidades deben ser una especie de “cerebro, puesto que ahí están los especialistas en todo, se requiere que ese cerebro se interconecte con las partes motoras del sistema y con los otros “cerebros del país”.

“Eso es lo que nos hace falta: La educación, construir las bases fundamentales para que podamos crecer y ser más equitativos, esto incide también en la democracia. Creo que la mayoría de nuestros problemas requieren de una participación de la academia, de manera muy importante y de nuestros profesionistas a los que estamos invitando.”

Recuerda que el C3 inició dominado por los físicos, biólogos y matemáticos, pero cada vez hay mayor participación de especialistas en sociología y disciplinas afines. Piensa que un problema como el del agua no puede resolverse sin la participación de los investigadores cercanos a las comunidades.


Casi nula, la participación

Cuando Justo Sierra inauguró la Universidad Nacional el 22 de septiembre de 1910, dijo en su discurso: “…no será la Universidad una persona destinada a no separar los ojos del telescopio o del microscopio, aunque en torno de ella una nación se desorganice; no la sorprenderá la toma de Constantinopla discutiendo sobre la naturaleza de la luz del Tabor.”

Se le pregunta a Frank si, cien años después, el C3 hace realidad la idea de Sierra de vincular la ciencia exacta con las sociales y humanidades. A decir suyo, la Universidad ha contribuido tradicionalmente en la solución de los problemas del país, pero hoy son otras circunstancias las que exigen la multidisciplina, entre ellas problemas como el cambio climático, que es “uno de los más amenazantes que tenemos enfrente”, y al cual la gente no presta atención. No juzga, incluso le parece comprensible que la gente se ocupe más de lo inmediato: “Si no tengo lo suficiente para alimentar a mis hijos, pues el cambio climático me da igual. Pero tenemos que preocuparnos por estos cambios y desequilibrios que hemos creado. Y no digo que sólo la academia, pero la participación de la academia en las decisiones políticases casi nula en las decisiones importantes, sobre energía, sobre salud. Casi no nos consultan.

”La responsabilidad es en los dos sentidos, porque considera que tampoco la academia ha hecho suficientes esfuerzos por informar a la sociedad y participar de manera más efectiva. Entonces, “no se vale sólo una queja de ‘denme más dinero’, porque es cierto que México invierte poquísimo en ciencia, pero también en gasto social”.

Cita a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que señala a México como el país miembro de este organismo con el gasto social más bajo, y por ello subraya: “Tenemos que buscar la manera de incidir más, es uno de los aspectos importantes que estamos intentando en el C3.”

Agrega que uno de sus propósitos como miembro de El Colegio Nacional será invitar a colegas de otras disciplinas, leyes, arquitectura, para hablar de estos problemas nacionales: La educación, “que tiene una prioridad bajísima”, y “no se diga la educación científica”, pues es necesario que México genera sus propios conocimientos y los utilice en la solución de sus problemas para lograr autonomía y libertad; el agua; y los energéticos, “pues no se ha consultado realmente en forma apropiada a la academia”.

–¿Entonces la reforma energética se hizo de espaldas a la comunidad académica?

–Pues casi, porque si se consultó no se hizo de forma colegida. Creo que es muy importante crear las condiciones para eso. Igual que aquí en la Universidad no existen las condiciones para una respuesta colegiada multidisciplinaria, pues mucho menos a nivel de gobierno. Entonces las acciones gubernamentales rara vez consultan a un cuerpo académico colegiado que pueda dar un punto de vista más científico, más académico sobre los asuntos, tratando de que no todo sea una discusión política sino algo más racional.

“No digo que las discusiones políticas sean irracionales, pero les falta esa apertura. La sordera de sectores políticos en México a la ciencia es enorme, la importancia que se les da en el Congreso a las comisiones de ciencias creo que está en último lugar.”


Divulgación de la ciencia

Cuando se le pregunta al físico nuclear qué podría hacerse y cómo para acercar a la ciencia al grueso de la población, evoca la figura del cosmólogo neoyorquino Carl Sagan, creador de la serie de televisión Cosmos, que según Wikipedia ha sido difundida en más de 60 países por más de 600 millones de personas, lo que la hace la más vista de la historia.

“Me parece una especie de profeta –dice Frank–. No sólo fue un tipo brillante sino poético.”

Recomienda su libro A pale blue dot (“Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio”), del cual se puede encontrar un video en YouTube. Recuerda que Sagan contribuyó en la construcción del sensor espacial Vikingo que salió de la Tierra: “Cuando iba pasando por Júpiter o Saturno, pidió que se volteara la cámara e hiciera una toma de la Tierra. Se ve un puntito azul, por eso se llama así. Y empieza a decir que eso es la Tierra: El único lugar donde todos los héroes, todos los dictadores, todas las guerras, todos los descubrimientos han sucedido, y hasta ahora no sabemos de ningún otro lugar dónde podamos ir, y nadie va poder venir a salvarnos de nosotros mismos.


“¡Es un poeta!”

Agrega que es el prototipo capaz de divulgar la ciencia. Y recuerda también que es el autor del libro El mundo y sus demonios, escrito casi como su testamento cuando alrededor de los sesenta años de edad supo que tenía un cáncer al cual no sobrevivió.

Ahí habla de los demonios como las supersticiones del hombre, las religiosas, que “están matando en todo el mundo”, y las políticas, que son “del tipo religioso”, como el nazismo o el estalinismo, y deja claro que “sólo el pensamiento científico humanista, porque no es sólo que tres por tres es nueve, sino es la visión humanista-científica-racionalista, lo que nos puede salvar de nosotros mismos.

“Este es el mensaje que necesitamos comunicar a la gente. Porque aquí vivimos en un estado de emergencia continua y de demonios, de nuestros propios demonios, porque a todo mundo le encanta decir ‘es que los políticos’, pero también somos nosotros, hay que demostrarles que somos muy importantes.”

Concluye que a través del C3 se está haciendo un esfuerzo multidisciplinario para hacer un centro difusor, de divulgación de la ciencia, y demostrar que la ciencia es parte de la cultura.