“Estamos armando el rompecabezas de la ciudad azteca” Eduardo Matos Moctezuma

elPeriódico | 25 julio 2017
“Estamos armando el rompecabezas de la ciudad azteca” Eduardo Matos Moctezuma

 

elPeriódico | 25 julio 2017 |  https://elperiodico.com.gt/oculta/2017/07/25/estamos-armando-el-rompecabezas

El arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma estuvo en Guatemala la semana pasada. Es uno de los principales estudiosos del Templo Mayor de Tenochtitlán, en la ciudad de México. Conversó con elPeriódico acerca de su labor y otros temas

– He trabajado, sobre todo, en el centro de México, en sitios como Teotihuacán, Cholula y el Templo Mayor de la ciudad de México. Me he concentrado allí. También he trabajado algo de la zona maya, muy poco, como Comalcalco, Tabasco, que es el sitio más al poniente de la zona maya. Cada una presenta sus características. Teotihuacán y Cholula son lugares abiertos, pero el Templo Mayor de Tenochtitlán es en un medio urbano actual. Eso siempre requiere características especiales en la forma de intervenir arqueológicamente.

¿Cómo convive esa arqueología tanto colonial como prehispánica? Ha de ser difícil en materia de conservación.

– Bueno, ahora en ciudades donde hay presencia colonial lo que hacemos es excavar dentro del edificio, bajar, llegar al estrato arqueológico prehispánico e, inclusive, dejarlo a la vista. Así también se conserva el edificio colonial. La ley mexicana protege ambos vestigios. Con esta fórmula hemos intervenido en varios edificios, sobre todo los que están frente al Templo Mayor y detrás de la Catedral Metropolitana. Acaba de aparecer el templo del dios del viento en una parte en donde hay un hotel. La ley también prevé que los propietarios tienen que pagar el rescate arqueológico y así se va a conservar. Otro hallazgo más es el del tzompantli, que es la plataforma en la que se colocaban los cráneos de los decapitados. Hemos recuperado cerca de 450 cráneos. Ahí también se piensa conservar, que la gente pueda bajar, ver el vestigio prehispánico y a la vez preservar el edificio posterior.

Esta es una tendencia relativamente nueva. Si no, no hubiera sido  posible la liberación del espacio del Templo Mayor. ¿Cómo se toman esas decisiones?

– Fue algo muy interesante, porque resulta que había una comisión de monumentos a la que pertenecían representantes del Colegio de Arquitectos, de investigaciones estéticas, de la Escuela de Arquitectura, de varios organismos. Analizaban algunos de los edificios que estaban sobre el Templo para ver sus características. Para fortuna de la arqueología prehispánica, resultó que los edificios que se removieron eran ya de principios del siglo XX.

¿Qué grandes retos le quedan a la arqueología del área azteca?

– Todos los del mundo. Como es una ciudad sobre otra, siempre tenemos que estar atenidos a que haya alguna obra o algo para poder penetrar y meternos al subsuelo para detectar los vestigios mexicas. Entonces, es constante nuestra labor porque se nos avisa de repente que se van a colocar cables en la calle o lo que sea y estamos pendientes para intervenir. Así armamos el gran rompecabezas de lo que era el recinto ceremonial de la ciudad azteca.

Durante mucho tiempo se habló de que era posible encontrar el lugar de entierro de alguno de los emperadores aztecas. ¿Aún se considera esta posibilidad?

– Precisamente hace unas semanas se dio a conocer el hallazgo de un cánido, una loba, que estaba colocado al interior de un edificio circular en el que según las fuentes históricas se considera que se enterraron varios gobernantes mexicas. Este hallazgo fue muy interesante porque está colocado de oriente a poniente, lo cual también tiene su simbolismo, y según el pensamiento de ellos un cánido era el que acompañaba al inframundo a los individuos muertos… nada más que este espacio es exclusivo para los gobernantes. Entonces, pensamos que quizá pudiera haber cercano a este hallazgo algún vestigio ( como una osamenta). Cabe decir que los tlatoanis eran incinerados y se dice que sus cenizas eran colocadas en una ollita. Eran más discretos en ese sentido. Todavía hay esperanza de que pueda ocurrir.