"Piedra de sol": los 60 años de un instante amoroso

Milenio | 15 agosto 2017
"Piedra de sol": los 60 años de un instante amoroso

 

Milenio | 15 agosto 2017 | http://www.milenio.com/cultura/piedra_sol

Ramón Xirau destacaba la importancia del amor en el poema como “posibilidad de comunicación” y “como conciliación de los contrarios”.

“Piedra de sol” (1957) de Octavio Paz cumple sesenta años de su publicación. Diversos críticos han ponderado los asombros que entrañan los 584 endecasílabos (el número de versos corresponde, como el autor advertía en la primera edición del poema, al de la revolución sinódica del planeta Venus) y el poema es circular. Cuando digo que es circular quiero significar que los primeros versos han sido puestos también en el ocaso de la obra lo que, en cierto sentido, invita al recomienzo. Si me preguntan acerca de mis diez poemas favoritos de Octavio Paz “Piedra de sol” presidiría la lista junto a “Blanco”, “Viento entero”, “Pasado en claro”, “Noche en claro”, “Exclamación”, “Garabato”, “Elegía interrumpida”, “La vida sencilla” y “Nocturno de San Ildefonso”. Aquí me detengo.

¿En qué radica la belleza de “Piedra de sol”? En la sostenida experiencia de la palabra poética como recuperadora de un instante amoroso que se prolonga y que debate, en el interior mismo del poema, contra los demonios y las amenazas de la muerte y de sus brunos heraldos. Ramón Xirau ha destacado la importancia del amor en el poema como “posibilidad de comunicación” y “como conciliación de los contrarios”. Y es verdad. Y el amor en esta obra posee una raigambre múltiple. El hombre abre los ojos y ve la revelación de la vida, de la palabra poética, de la otredad, de la mujer, de la naturaleza, del mundo. El hombre dialoga consigo mismo, con sus fantasmas, con sus obsesiones, con su terca sombra. El poema es un largo y encendido monumento al amor humano. La inminencia culmina al visibilizarse la presencia: “El mundo ya es visible por tu cuerpo”. Y el poeta emprende el recorrido del cuerpo: “Voy por tu cuerpo como por el mundo,/tu vientre es una plaza soleada,/tus pechos dos iglesias donde oficia/la sangre sus misterios paralelos”. Este recorrido inicial termina cuando el poeta sale de la “blanca frente” de la amada. En el segundo recorrido, en pos del asidero amoroso, el poeta captura la imagen de las adolescentes que salen del colegio. Esta imagen funge como el disparador para realizar una descripción reminiscente que engloba a las grandes mujeres de la historia y del mito: Melusina, Laura, Isabel, Perséfone, María. El enlazamiento de las figuras míticas e históricas desemboca en la reflexión sobre el instante: tiempo que concilia la sucesión y la eternidad apenas sospechada. Ahora la presencia es inmóvil, yerta, congelada: “Tu boca sabe a tiempo emponzoñado,/tu cuerpo sabe a pozo sin salida,/pasadizo de espejos que repiten/los ojos del sediento, pasadizo/que vuelve siempre al punto de partida”. La única salvación, en la perpetua caída significada por el tiempo que es un calendario azteca, que es una piedra de sol, que es un poema, es precisamente la palabra vuelta niña, como esa “mirada niña de la madre vieja”, que frente al abismo de la muerte nos sonríe.

La recuperación original del instante amoroso está cifrada en la visión de los otros (“los otros que me dan plena existencia”), no en los inciertos pasos de uno mismo. En síntesis: “Piedra de sol” es el poema que intenta la recuperación del instante amoroso, como el mismo Octavio Paz dijo, solo que el instante amoroso muestra un rostro que, en las tinieblas, ofrece aspectos que dan a la fecunda puerta de la pasión amorosa, de la fraternidad y de la entrevista luz trascendente.