La dinastía Darwin en El Colegio Nacional

Agencia Informativa Conacyt | 29 agosto 2017
La dinastía Darwin en El Colegio Nacional


Agencia Informativa Conacyt | 29 agosto 2017 | http://conacytprensa.mx/index.php/ciencia/arte/

El arte y las ciencias son actividades humanas que resultan de un proceso creativo estructurado presente en todos y cada uno de nosotros, pero ¿cómo se relacionan ambas con una de las familias que ha contribuido de manera magistral a las ciencias biológicas?

La aportación científica del apellido Darwin es ampliamente conocida a través de su más famoso representante, Charles Darwin, autor de El origen de las especies, pero la vertiente artística presente en la familia es un punto menos conocido de esta prestigiosa estirpe. 

Así fue como la doctora Emma Darwin en su conferencia This is not a lecture of Charles Darwin: creative thinking in the Darwin-Wedgwood dynasty (Esta no es una conferencia sobre Charles Darwin: pensamiento creativo en la dinastía Darwin-Wedgwood), explicó cómo el pensamiento creativo ha estado presente con diferentes expresiones en las generaciones de su familia.

La ponencia se realizó gracias a un programa conjunto entre la Feria Internacional del Libro Universitario y El Colegio Nacional, donde se llevó a cabo la conferencia coordinada por Antonio Lazcano Araujo.

Emma Darwin es novelista, autora de Mathematics of Love y A Secret Alchemy. En su primera novela, Mathematics of Love, implícitamente inició el debate entre pensamiento científico contra pensamiento artístico: “Cuando fue publicada estuve muy sorprendida de cuántas personas pensaron que yo pretendía una paradoja, que las matemáticas y el amor se oponen, que las ciencias y las artes son pensadas como opuestas, hechos contra sentimientos, objetividad contra subjetividad, pero por supuesto que no es tan simple como eso”.

Charles Darwin contrajo matrimonio con Emma Wedgwood, quien era su prima. Tuvieron cinco hijos y dos hijas, entre los que se encontraron William, que fue un banquero; George, abuelo de Emma, fue matemático y astrónomo; Francis fue un biólogo y ayudante de su padre; Leonard fue ingeniero militar que principalmente desarrolló proyectos de investigación, incluyendo balística; y Henrietta, Horace y Elizabeth, los tres restantes, tampoco desempeñaron actividades en las artes.

“En sus trabajos científicos, ellos presentaron muchas características de la creatividad artística, la noción de estilo, de proporción, el apasionado amor por su disciplina y, sobre todo, la completa integridad de la disposición a complicarse infinitamente la vida para alcanzar la perfección en cualquier obra”.

Con esto, demostraron en su trabajo científico muchas características del artista creativo. Pero, al respecto, Emma Darwin destacó, a través de una cita del libro Sparks of Genius, de Robert y Michèle Root-Bernstein, que la creatividad es en realidad un proceso humano universal presente en toda actividad humana compleja, antes de su conceptualización en cualquier presentación como pinturas, sinfonías, obras literarias, desarrollos científicos o inventos tecnológicos.

En el siglo XVIII, cuando las ciencias y las artes estaban menos especializadas y prácticamente eran enseñadas a todos aquellos que tuvieran la oportunidad de adquirir una educación formal, Erasmus Darwin, abuelo del célebre Charles, fue un médico, miembro de un grupo que se hacía llamar The Luna Society.

Esta singular sociedad sostenía reuniones una vez al mes, donde en las tardes hacían observaciones astronómicas, experimentos e intercambio de ideas y comentarios sobre observaciones que realizaban. Fue aquí donde James Watt comenzó a gestar muchas de las ideas que derivaron en el motor de vapor.

Fue también ahí donde una expresión más de la intrincada relación entre las artes y las ciencias se dio a través del pensamiento creativo de los Darwin, cuando Erasmus, buscando hacer que el sistema de clasificación de plantas de Linneo, y cómo estas funcionaban, fuera accesible para un público no familiarizado con ello, hizo uso, precisamente, de la poesía, escribiendo así obras poéticas sobre ello.

Con esto, Emma Darwin exploró a través de su trascendente familia cómo, en el fondo, las ciencias y las artes no son antagonistas, sino que son conceptos humanos cuya relación está profundamente entrelazada por los procesos creativos que las generan a ambas, y que se tratan de procesos que son muy independientes a sus resultados finales, siendo muy posible la generación de arte con ciencia y ciencia con arte.