Retrato: Celebración de Ramón Xirau

Laberinto | 3 diciembre 2016
Retrato: Celebración de Ramón Xirau


Laberinto | 3 diciembre 2016 | http://sclaberinto.blogspot.mx/p/blog-page_97.html

Por: Julio Hubard


Ramón Xirau tiene muchos círculos concéntricos que expanden a un hombre sencillo: gran poeta, filósofo, cronista, historiador de las ideas, ensayista, crítico literario, uno de los grandes profesores de filosofía que haya tenido este país, un maravilloso conversador y capaz de cosas curiosísimas: dar la clase en el salón equivocado, servir todo el café fuera de la taza, saludar en el espejo a un señor que le parece conocido.

Toda su obra es alta e importante, pero hay dos vertientes únicas: la tradición en que inscribe su filosofía y su obra poética. Como filósofo, Xirau es el más reciente eslabón del humanismo solar del Mediterráneo; una tradición puntuada con el nombre de Ramón: Lulio, primer gran autor del catalán, Sibiuda, a quien Montaigne dedica su ensayo más extenso, y él: los tres, poetas y filósofos; los tres, azorados con el tiempo (no cronología o duración sino el tiempo que requiere el ser para reconocerse y mirar el mundo como dádiva y milagro); los tres, habitantes de un mundo que se debe mucho más a la gracia que a la necesidad.

La poesía y la filosofía no son distintas actividades sino distintas aproximaciones, verdaderas ambas, y recíprocas. Dos posiciones de las que no se puede prescindir: la persona está obligada a ser dueña y responsable de la significación completa de su lengua y habla, pero a la vez esa persona pertenece a la lengua. El filósofo asume que el lenguaje es un recurso propio; el poeta sabe que él es un recurso de la lengua. No se trata de hallar soluciones: son los modos en que el ser habita el tiempo y se descubre vivo. Xirau no emite veredictos: explora. Como los artistas plásticos después de la fotografía, ya no se trata de reproducir la realidad sino de involucrarse en la verdad. Contemplar correspondencias y construir procesos disciplinados de la imaginación no lleva conclusiones apodícticas, sino que explora y habita los modos del ser.

Toda información es traducible, pero la experiencia de la sonoridad de la lengua y la música no lo es. El poeta no elige una lengua: la lengua lo elige a él. Xirau entendió que la poesía le hablaba en su lengua materna: el catalán. Dos ámbitos de la verdad. Su poesía, como la música, requiere un proceso distinto: no puede haber música sin repetición, la presencia de ritmo, fraseo y consonancias con las que el escucha pueda hallarse a sí mismo ante un orden y no un mero ruido. Pero la música que uno ama no es la nueva, sino la que se conoce más y se ha escuchado muchas veces. Igual el poema, las artes, que se habitan y exploran; marcan al escucha, su tiempo, tanto en la memoria como en la experiencia y esta sabiduría, la del poeta Xirau —apuesto— habrá de quedar en el tiempo vivido.