Síntesis Informativa - El microbioma: no somos un árbol sino un bosque

ECN | 19 junio 2018
Síntesis Informativa - El microbioma: no somos un árbol sino un bosque

 

ECN | 19 junio 2018

El microbioma: no somos un árbol sino un bosque

 

  • La evolución no ha ocurrido sólo entre los individuos y su especie, sino que se ha llevado a cabo una coevolución con una gran cantidad de microorganismos durante millones de años: Alejandro Frank
  • Muchas de las actividades benéficas de las bacterias de las plantas se han perdido por culpa de la industrialización: Eneas Aguirre
  • Los bacteriófagos tienen un potencial biotecnológico impresionante para contender contra la resistencia a los antibióticos: Santiago Sandoval 

Ayer en la tarde El Colegio Nacional (ECN) albergó la conferencia El microbioma: no somos un árbol sino un bosque, coordinada e impartida por el físico e investigador Alejandro Frank, integrante de ECN. La actividad contó con la participación de Eneas Aguirre, del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C. (CIAD), Juan Fornoni, del Instituto de Ecología de la UNAM, y Santiago Sandoval, del Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN).

La microbiota  es la comunidad de microorganismos que vive sobre y dentro de nosotros. El microbioma se refiere a esos microorganismos y a su carga genética y también a la interacción de esa carga genética con la nuestra. “El microbioma participa en la defensa de nuestro organismo”, detalló Frank, “ya que los microorganismos benéficos producen compuestos que son detectados por el sistema inmune, lo cual le mantiene activo”.

El integrante de ECN afirmó que la microbiota afecta a nuestra fisiología y que la alteración del microbioma no solo es responsable del desarrollo de enfermedades gástricas, sino también de patologías cardiovasculares, oncológicas e incluso mentales. “Estas investigaciones son muy recientes, pero ya hay evidencias circunstanciales que señalan que la microbiota es un factor de peso en la salud humana”.

“Las comunidades de la microbiota forman complejos ecosistemas microbianos en íntima interacción con mucosas y otras superficies del cuerpo”, afirmó Frank, quien también explicó como estos microorganismos realizan actividades metabólicas  indispensables para el ser humano como la sintetización de vitaminas y la sustracción de energía de los alimentos.

La transmisión bacteriana empieza en el parto a través del canal vaginal, aunque ya hay estudios que aseguran que la inoculación de bacterias puede empezar in utero. Gracias a la leche materna esta transmisión sigue hasta colonizar el intestino y la piel del bebé. Según Torres, se ha estudiado que los bebés nacidos por cesárea tienen más posibilidades de contraer obesidad, diabetes y/o alergias a lo largo de su vida.

Frank concluyó señalando que “la evolución no ha ocurrido solo entre los individuos y su especie, sino que se ha llevado a cabo una coevolución con una gran cantidad de microorganismos durante millones de años”. Como resultado de la coevolución, “se establecen relaciones simbióticas entre el hospedero y su microbioma, y esta interacción  aumenta la capacidad de adaptación del hospedero”.

En su plática titulada ¿Pueden las bacterias de la milpa tradicional ayudarnos a mejorar la agricultura sustentable?, el investigador Eneas Aguirre von Wobeser, habló específicamente del maíz y de la posibilidad de utilizar algunas bacterias que se encuentran en sus raíces para sustituir los agroquímicos y mejorar la agricultura sustentable. Aguirre explicó que el microbioma de las plantas es importante para la fijación de nitrogeno, la solubilización de fósforo, la inhibición de patógenos y el crecimiento vegetal, entre muchos otros fenómenos beneficiosos para las plantas.  “Muchas de las actividades benéficas de las bacterias se han perdido por culpa de la industrialización”, lamentó el investigador, “cuando se pasa de milpas altamente diversas, en las que hay muchos cultivos coexistiendo, en un escenario muy parecido al que existía cuando se domesticó el maíz, a un monocultivo con una sola especie, el uso de pesticidas y fertilizantes acaba con la vida de muchos microorganismos beneficiosos”. 

El microbioma, un jugador escondido en la interacción evolutiva entre las plantas y los insectos, fue el título de la conferencia impartida por Juan Fornoni, quien reflexionó acerca de la importancia de la interacción entre las plantas y los herbívoros en la producción de alimentos y sobre la posibilidad de manipular está interacción para enfrentar la crisis alimentaria.

A lo largo de millones de años, las plantas han desarrollado mecanismos de resistencia y de tolerancia para defenderse de la presión de la herbivoría, pero para producir alimentos en la agricultura durante décadas, el desarrollo teórico y tecnológico ha considerado a la resistencia como el único mecanismo defensivo de las plantas”, puntualizó el investigador.

Fornoni señaló que la microbiota intestinal de los insectos funciona como un aliado en el procesamiento de las toxinas de las plantas, y sería necesario aprender a manipular a estos herbívoros para el control efectivo de las plagas, en lugar de concentrar esfuerzos en la resistencia de los vegetales.

Por último, Santiago Sandoval explicó en la charla titulada Microbioma, alcances y aplicaciones: los bacteriófagos que estos microorganismos “tienen un potencial biotecnológico impresionante” para contender contra uno de los mayores problemas del futuro inmediato de la humanidad: la resistencia a los antibióticos. “Se estima que en el 2050, la muerte por infecciones causadas por microorganismos resistentes a los antibióticos va a ser mayor que la causada por cáncer, diabetes y otras patologías”, advirtió Sandoval, quien denunció que el abuso de antibióticos ha generado bacterias resistentes a muchos de ellos.