Síntesis Informativa - Geophysics 100 years (Día 2)

ECN | 29 octubre 2018
Síntesis Informativa - Geophysics 100 years (Día 2)

 

ECN | 29 octubre 2018

Impacto y formación del cráter Chicxulub

  • Estudiar la dinámica de los impactos y la formación de los cráteres nos ayuda a comprender los efectos de estos choques en los sistemas de soporte de vida del planeta, como la atmósfera, los océanos y el clima: Jaime Urrutia Fucugauchi

El pasado viernes 26 de octubre, El Colegio Nacional (ECN) albergó la conferencia Impacto y formación del cráter Chicxulub, coordinada e impartida por el colegiado Jaime Urrutia Fucugauchi, como parte de las actividades de las jornadas Geophisycs 100 years, organizadas por ECN en el marco del centenario de la Unión Internacional de Geodesia y Geofísica (IUGG en sus siglas en inglés). 

La IUGG es una organización científica no gubernamental que forma parte del International Science Council (ISC) y se dedica a la promoción y coordinación internacional de estudios científicos sobre la Tierra y su entorno desde el espacio.

Urrutia Fucugauchi explicó que en los últimos 100 años el avance de la geofísica “ha sido muy acelerado” y en las últimas décadas ha ampliado su campo de interés, abarcando ahora todos los cuerpos del Sistema Solar, el origen del Sistema Solar y  los exoplanetas (planetas que orbitan alrededor de otras estrellas diferentes al Sol en nuestra galaxia). “Ahora tenemos geofísica literalmente en otros sistemas planetarios”, puntualizó el integrante de ECN.

El impacto de Chicxulub ocurrió hace aproximadamente 66 millones de años cuando la actual península de Yucatán estaba sumergida, pero la onda de choque realizó la colisión con la tierra y afectó los sistemas de soporte de vida en todo el planeta, ya que provocó la extinción masiva del fin del Cretáceo durante la cual desaparecieron el 76% de las especies existentes, tanto vegetales como animales, terrestres y marítimas. 

El impacto del meteorito causó el fin de los dinosaurios, que se desarrollaron hace 240 millones de años y se diversificaron durante más de 170 millones de años, llegando a ocupar la mayor parte de los nichos en los continentes. Durante su coexistencia con ellos, los mamíferos apenas habían evolucionado: se mantenían ocupando nichos muy restringidos, hábitos nocturnos y viviendo en el subsuelo. El colegiado señaló que “el impacto marcó la transición de la era de los dinosaurios a la era de los mamíferos”.

En el registro geológico, la extinción está representada como un evento muy abrupto y marcado por una capa de arcilla que mide en promedio unos 4 milímetros de espesor, pero aumenta hasta 7 metros en la zona del Golfo de México, por el material roto que se extendió a causa del impacto.

Tal como describió Urrutia Fucugauchi, cuando se compara el tamaño del cráter Chicxulub —con un diámetro de 180 km aproximadamente— con otros impactos observados en otros cuerpos, como la Luna o Marte, “el choque es relativamente pequeño a escala de la Tierra, pero aún así supondría la mitad de la Ciudad de México y casi el doble del Everest”. Uno de los factores que intervino en el hecho de que el impacto fuera global es la velocidad, que llegó a los 25 kilómetros por segundo o más, que es la aceleración con la que se desplazan la mayor parte de los cuerpos del Sistema Solar, incluyendo la Tierra. Por otro lado, las características de la península de Yucatán también explican el efecto tan notable en la extinción de los organismos, puesto que está formada por carbonato de calcio que el impacto volatizó en grandes cantidades, causando la inyección de grandes cantidades de CO2 y otros gases invernadero en la atmósfera que provocaron lluvia ácida y un cambio en la química del agua superficial de los océanos.

El integrante de ECN remarcó que “estudiar la dinámica de los impactos y la formación de los cráteres nos ayuda a comprender los efectos de estos choques en los sistemas de soporte de vida del planeta, como la atmósfera, los océanos y el clima”. A su vez, el estudio de los cráteres es necesario para entender la evolución de las cortezas planetarias y entender la secuencia de los eventos a través de las diferentes capas de material de eyección.

Gracias a las misiones planetarias y las observaciones con telescopio de la Luna y planetas como Marte y Venus, que presentan un gran número de impactos, se ha  conseguido un gran conocimiento sobre estos choques y sus efectos, aunque, tal como apuntó el colegiado, “para entender en profundidad qué es lo que hay debajo de los cráteres y cómo están formados, nuestra única opción por el momento es perforar los cráteres terrestres”.

De los cráteres existentes en la Tierra, Chicxulub es de los mejores preservados gracias a las características de la península el Yucatán, que es una plataforma relativamente estable por su ausencia de volcanes y actividad sísmica. La mayor parte del cráter se encuentra cubierta por el mar, por ello su exploración supone un costo muy elevado y añade la dificultad de la financiación a este proyecto académico ya de por sí complejo a nivel técnico. 

La geometría del subsuelo del cráter se ha ido reconstruyendo mediante modelos generados a través de la información obtenida por observación satelital y la perforación de pozos para recuperar muestras materiales y analizarlas en el laboratorio. Gracias a estas investigaciones, se ha descubierto, entre otros hallazgos, que la alta vibración que sufrió el material durante el impacto es la causa del comportamiento frágil y plástico de la formación del cráter.

Puede consultar la actividad completa en el canal de YouTube de El Colegio Nacional: https://www.youtube.com/watch?v=k6RE4LBpR7A