Síntesis informativa - La crítica literaria en México: años setenta

Colnal | 8 abril 2019
Síntesis informativa - La crítica literaria en México: años setenta

Colnal | 8 abril 2019

 

La crítica literaria en México: años setenta | Conferencia

La primera hija del movimiento del 68, en términos de género literario, fue la crónica, no porque fuera nueva, sino que renace después de haber invernado mucho tiempo: Christopher Domínguez Michael

La sencillez en poesía es sinónimo de agotar lo complejo: Christopher Domínguez Michael

Son raros los escritores que son indiferentes a la política y eso no quiere decir que la política no penetre en sus obras: Christopher Domínguez Michael

La crítica nunca había tenido tanto trabajo como ahora, sobretodo la crítica literaria:  Christopher Domínguez Michael

 

El integrante de El Colegio Nacional (Colnal), Christopher Domínguez Michael, impartió el día de ayer la conferencia La crítica literaria en México: años setenta, en donde habló sobre la división que se dio en el mundo literario del país después del movimiento estudiantil de 1968, el surgimiento de nuevos críticos y la llegada a México de corrientes como el posestructuralismo y el feminismo: “el movimiento estudiantil del 68 sorprende a los escritores mexicanos, sobre todo aquellos que se habían impuesto sobre las generaciones anteriores y que estaban muy cercanos al gobierno”.

El crítico literario destacó el liderazgo político y moral que sostuvieron Octavio Paz y José Revueltas después de la represión del movimiento estudiantil: “Octavio Paz renunció a la embajada de la India en protesta por los acontecimientos de Tlatelolco y José Revueltas fue detenido y estuvo preso en 1971 y en el juicio contra los dirigentes del 68 se autoinculpó de la autoría intelectual del movimiento”. Al hablar del papel de la prensa en ese tiempo, Domínguez Michael señaló a La cultura en México, dirigida por Carlos Monsiváis, y al periódico Excélsior, a cargo de Julio Scherer, como los espacios en donde se podía criticar la actuación del gobierno en el movimiento estudiantil: “México en 1968, a diferencia de hoy día, era un país con muy escasa libertad de prensa, muy escasa libertad de expresión en la tele y en la radio”.

En este sentido, el colegiado explicó que los jóvenes escritores se sentían atraídos por el movimiento estudiantil; sin embargo, intelectuales como Efraín Huerta, Agustín Yañez, Salvador Novo y Elena Garro mostraron su rechazo al mismo por diversas circunstancias: “todos coinciden que la atmósfera en 1969 era irrespirable, la represión había sido muy violenta y las alternativas que le quedaban a los jóvenes era la sumisión, huir a los paraísos artificiales como la droga o en algunos casos irse a la guerrilla al comprobarse que no era posible la reforma democrática del sistema político”.

Al hablar de las reacciones de los poetas respecto al movimiento estudiantil, Domínguez Michael dijo que Octavio Paz, Gabriel Zaid y Rosario Castellanos fueron algunos escritores que dedicaron poemas a lo sucedido el 2 de octubre. Al profundizar en las reacciones de los novelistas, el colegiado afirmó que aún no existe la gran novela del 68, aunque destacó Palinuro de México de Fernando del Paso y Crónica de la intervención de Juan García Ponce: “la preocupación de los novelistas de inmediato fue crear una novela que recogiera lo que había pasado. Siempre que ocurre un acontecimiento histórico de esa magnitud el novelista se siente obligado a tomar testimonio artístico, pero seguimos esperando la gran novela del 68”.

En este sentido, Domínguez Michael dijo que el libro de Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco, tuvo su origen en una conferencia impartida por el editor Arnaldo Orfila y Octavio Paz: “La noche de Tlatelolco aparece a principios de la década como el gran testimonio coral de los acontecimientos. Este libro, tardíamente, recibe muchas críticas de muchos de los protagonistas como Luis González de Alba que también escribió una novela-testimonio desde su perspectiva como preso político que se llama Los días y los años (...) Más allá de las quejas, de ninguna manera se puede demeritar la importancia de este libro que más allá de sus defectos es un gran libro de lo que se consideraba nuevo periodismo, donde los autores son los partícipes del movimiento y es un documento histórico imprescindible”.

El también escritor puntualizó que más que una  gran producción de poesía o novela, el movimiento del 68 propició el resurgimiento del género de la crónica: “la crónica se volvió un género literario donde quien escribe no sólo da voz, sino participa, es personaje y tuvo una enorme riqueza a lo largo de la obra de Carlos Monsiváis”. Al respecto, el colegiado señaló que la crítica literaria se politizó después del movimiento estudiantil y se retomó la idea de que la literatura debía de ser un espejo de la realidad: “con esto resurgió un viejo pleito entre quienes consideraban que el lugar del escritor es la investigación del lenguaje y quienes consideraban que el lugar del escritor es la militancia, el compromiso y la participación de lo que ocurre en la calle”. Cuando habló de la crítica literaria en los años posteriores al 68, Domínguez Michael subrayó el papel de La cultura en México de Carlos Monsiváis y la revista Plural de Octavio Paz, aunque reconoció que en estas publicaciones no se tenía tanto espacio para la crítica musical y de teatro.

En este aspecto, el colegiado dijo que en los años setenta la crítica literaria se vio influida por el postestructuralismo, que buscaba dotar a la crítica de los elementos de una investigación científica y le daba un papel central al lenguaje en lugar del escritor o el lector: “esta escuela consideraba que hay que aislar al texto de todo lo que lo rodeara, es la época que se anuncia la muerte del autor y consideraba que cualquier texto debe ser analizado según su propia lógica interna (...) Lo paradójico de este fenómeno fue que se trataba de garantizar la autonomía del texto, pero se hacía con las herramientas que no venían de la literatura y la crítica literaria era descartada mediante una expresión desdeñosa que era la jerga de la autenticidad”. Domínguez Michael afirmó que esta corriente de la crítica literaria generó una división entre la crítica literaria universitaria y lo que era conocido como el periodismo literario.

Al hablar de los críticos literarios en México, el colegiado reconoció el trabajo hecho por Octavio Paz, Adolfo Castañón y Guillermo Sheridan en la revista Plural y a José Joaquín Blanco en la revista Nexos, además de rescatar las aportaciones de críticos como Evodio Escalante y Jorge Aguilar Mora: “fue el último gran momento de la crítica literaria en todo el mundo antes de que las nuevas tecnologías cambiarán el panorama”. Sumado a esto, Domínguez Michael añadió que en esos años, en la poesía, existía una división entre los poetas comprometidos políticamente como Octavio Paz y lo que se basaban más en los sentimientos como Jaime Sabines.

En este aspecto, el ponente aclaró que la pugna entre los críticos  postestructuralistas y los que escribían en suplementos se resarcía al coincidir en su rechazo al régimen priista: “los años setenta fueron el punto culminante de la crítica estructuralista, posestructuralista, el giro lingüístico y el inicio de su decadencia porque entraron nuevas tendencias como el feminismo, los estudios de género, la crítica de la literatura sobre la homosexualidad y la reivindicaciones multiculturales (...) por otro lado comienza la reivindicación de la vieja crítica”. Finalizó afirmando que los críticos literarios de los setenta llegaron a su madurez hasta los años ochenta en donde produjeron libros de crítica sólida.

 

Puede consultar la actividad completa en el canal de YouTube de El Colegio Nacional: https://www.youtube.com/watch?v=Au9HWGrILyQ

 

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