Vivir enfermo | Ruy Pérez Tamayo

Excelsior | 15 febrero 2017
Vivir enfermo | Ruy Pérez Tamayo

 

Excelsior | 15 febrero 2017 | http://www.excelsior.com.mx/blog/el-lado-oscuro/vivir-enfermo/1146443

Conoce usted los certificados de salud? Tenga cuidado si se lo piden o le entregan uno. Nadie puede acreditarle a nadie que no tiene enfermedades porque la salud solo existe en el papel. Quienes estudian medicina lo saben: pertenecemos a una especie que vive desde la enfermedad, que desconoce lo que significa vivir sana.

Por eso es de suma importancia comprender que la enfermedad constituye un componente de la vida. No luche por mantener el equilibrio que supuestamente ofrece cualquier promesa salud. Insisto: no hay vida libre de enfermedades ni en el cuerpo ni tampoco en la mente.

Esta realidad parece ser la motivación por la cual en 1946 la Organización Mundial de la Salud acotó que la salud debe entenderse como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Definición política que ha generado polémica desde entonces (hasta la fecha), pero que permite comprender la noción de “sano/enfermo” fuera del ámbito médico.

Lo anterior de ninguna manera es una invitación a desvalorizar las patologías. Hay que prevenirlas, diagnosticarlas y atenderlas, pero sin caer en el juego de quienes impulsan mercados lucrativos ofreciendo plenitud de la salud.

El doctor Ruy Pérez Tamayo -agudo intelectual y divulgador científico- publicó en 1986 una sugerente aproximación al tema, convencido de que “la enfermedad, como nuestra anatomía, es destino”. Lo aseguró en uno de sus múltiples ensayos donde reflexiona qué tanto es posible visualizar un mundo sin patologías. 

En el recuento de algunas viejas enfermedades documentadas históricamente comparadas con otras de reciente aparición, Pérez Tamayo también concluyó (como lo han hecho otros estudiosos) que “nunca podremos librarnos de la patología”, y prepararnos para enfrentar los cambios que ésta vaya adquiriendo al paso del tiempo. Estoy convencido –confesó- que la enfermedad como la muerte “seguirá fielmente al hombre para siempre”.

El también integrante del Colegio Nacional advirtió que no todas las enfermedades dependen de un agente causal exógeno. Probablemente algunas “se deben a la manea misma como estamos hechos, son parte del precio que debemos pagar a cambio de poseer un grado tan elevado de complejidad”.

Esta sentencia filosófica necesita rescatarse hoy día, no solo por su validez ante los nuevos padecimientos, sino por el hecho de que estamos interactuando permanentemente con el entorno. En palabras de dicho autor: “hay una patología del desierto, otra de la selva, otra más de las grandes ciudades y seguramente habrá una del espacio. Además, también hay una patología de la pobreza, otra del ocio y otra más de la abundancia”.

Pensar desde un ángulo como el señalado por Pérez Tamayo debería llevarnos a diseñar nuestros proyectos existenciales bajo parámetros distintos que permitan conciliar la “tragedia” de nunca tener salud frente a la condena de vivir con algún padecimiento, sea físico, orgánico o mental.

La idea de salud no va a desaparecer y de hecho está tan incorporada a nuestros basamentos semánticos que difícilmente podría prescindirse de ella. No obstante es indispensable acotarle ese significado de aspiracionalidad desenfrenada que provoca miedo y que con frecuencia conlleva una respuesta irracional hacia la enfermedad pero sobre todo a quienes presentan algunos de sus síntomas.

¿Se puede coexistir con una o varias enfermedades sobre todo aquellas que han sido catalogadas como crónicas? Aunque la respuesta es afirmativa, se trata de un cuestionamiento que necesita plantearse permanentemente en lugar de evadir la realidad a través de la utopía llamada salud.

Estamos frente a una asignatura que debería enseñarse desde la educación básica. En la medida que nuestra sociedad reconozca en la enfermedad una condición de su existencia podrá optimizar no solo el tiempo y los recursos sino también habrá derrotado el estigma que supone cualquier diagnóstico médico.

Un principio de igualdad que puede contribuir a mirarnos de otra forma es precisamente el que aquí se ha tratado de esbozar: todos vivimos enfermos.

Referente

Pérez Tamayo, Ruy. Enfermedades viejas y enfermedades nuevas. Ed. Siglo XXI, 1998, México.

@LuisManuelArell