- El arquitecto Felipe Leal, miembro de El Colegio Nacional, coordinó la mesa en la que participaron Luis Rius Caso, Sylvia Navarrete y Peter Krieger.
- En cada una de sus facetas, el Dr. Atl mostró una enorme imaginación y el ser fantástico que era, dijo el colegiado.
- Luis Rius Caso, curador de la exposición dedicada al pintor en la institución, señaló que Dr. Atl siempre fue un vanguardista, incluso en las cosas desagradables.
Hombre multifacético, creador de una “leyenda superior a su extraordinaria obra”, “vanguardista hasta en lo desagradable”, narrador “extravagante y jocoso, algo grandilocuente y un poco lenguaraz”. Así fue evocado el pintor, escritor y vulcanólogo Gerardo Murillo en El Colegio Nacional, durante la mesa “Dr. Atl: actualidad y memoria”, organizada con motivo de la Noche de Museos.
Coordinada por el arquitecto Felipe Leal, miembro de la institución, el panel lo integró el historiador y crítico de arte Luis Rius Caso, curador de la exposición “Dr. Atl: éste es mi verdadero nombre” que se exhibe en El Colegio Nacional; la historiadora del arte Sylvia Navarrete y el historiador Peter Krieger, quienes abordaron diferentes facetas del revolucionario pintor.
Sin dejar de valorar sus diversas facetas, “lo más destacable de Dr. Atl es, sin duda, su extraordinario trabajo pictórico, que es como generalmente se le conoce. Vivió en el abandonado Convento de la Merced —hoy ya está restaurado—, pero en ese momento estaba en el abandono. Y en la azotea del mismo, tenía su estudio, donde estableció una relación pasional con una de las artistas más interesantes e intensas del siglo XX en México: la famosa Nahui Olin, Carmen Mondragón”, recordó Leal.
A lo largo de su vida, abundó, “tuvo muchos avatares; se conoce bien esta pasión y presencia que tuvo por la erupción del Paricutín, en 1943, en Michoacán. Y su participación e insistencia de realizar en Pihuamo, Jalisco, una ciudad para los artistas, científicos y creadores, llamada Olinka, así como también, su colaboración en otros proyectos visionarios, como lo fue el Pedregal de San Ángel, junto a Luis Barragán, para quien elaboró la nomenclatura que hoy conocemos de esa zona emblemática de la Ciudad de México”.
Viajero excéntrico, “es común que diversos investigadores coinciden en que la creación más ambiciosa del Dr. Atl fue la de la construcción de su propio personaje. Construyó una imagen con mezcla de hechos reales, verdades a medias, múltiples exageraciones e increíbles ficciones. Mostró en cada una de sus facetas enorme imaginación y siempre a un ser fantasioso”, opinó el colegiado.
“Sin duda es que el Dr. Atl poseía un innato don de liderazgo, una energía inagotable y una elocuencia sobresaliente. Iluminado con atributos, su inteligencia la utilizó para promoverse como un mítico y de locuaz actuar que él mismo generaba y se divertía. El personaje del Dr. Atl sustituye al individuo, la leyenda es superior a su extraordinaria obra. Su vida se antepone a su arte, por original y magnífica que fuese su pintura, e interesante su obra escrita, lo que más construyó Atl fue su imagen”.
Para Luis Rius Caso, el Dr. Atl fue “en todos los sentidos” una vanguardista. La categoría, explicó, aplica incluso para situaciones desagradables como su ingreso a El Colegio Nacional en 1951 y su repentina salida de la institución. “Entra en marzo de 1951, y antes de que termine el mes ya renunció”.
“¿Por qué? Bueno, todo un drama, le decían Gerardo Murillo y no Dr. Atl, pero aparte eran muy solemnes las reuniones, entonces dijo: ‘no, no, yo me voy al monte, entonces, adiós’. Ya desde ahí, no sé quién se haya atrevido a algo así, yo creo que nadie en sus cabales. También fue un vanguardista que intentó innovar absolutamente en todo, hizo manifiestos en Europa y en México, y en todo momento fue propositivo”.
En 1905, tras regresar de un viaje a Europa, “se hace muy amigo de José Juan Tablada, quien le inculca el japonismo, y también inauguró, junto con Tablada, Justo Sierra, Ezequiel Chávez, toda esa gran pléyade, las dos exposiciones que van a marcar el rumbo de la vanguardia mexicana, ambas de 1906, la de la revista Sabia Moderna y de los alumnos mexicanos que estaban en Europa, que les daban beca y les iban haciendo un seguimiento draconiano”.
A decir de Rius Caso, Gerardo Muriilo “manejó mucho las vanguardias y fue de los primeros en tratar de interrelacionarse con el paisaje mexicano, a la japonesa, es decir, captar la esencia del paisaje y poderla transmitir con un lenguaje simplificado, lo que implica todo un conocimiento muy profundo, sino taoísta, confuciano, de otra índole, pero que hubiera un trabajo intelectual”.
Viejo rabo verde y cachondo, autor de 15 libros
A su activa participación en la vida cultural mexicana, su interés por la vulcanología y su pasión por la pintura, Dr. Atl sumó la escritura. De acuerdo con la historiadora del arte Sylvia Navarrete, “firmó más de 15 libros de poesía, ficción, investigación científica”.
La especialista centró su disertación en la novela autobiográfica Gentes profanas en el convento. “La novela la editó Botas en 1950 en una colección que se llamaba Novelas Mexicanas y que incluía, por ejemplo, Santa de Federico Gamboa, La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán y El resplandor de Mauricio Magdaleno, o sea, escritores de muy alto nivel”.
“El aspecto más revelador de “Gentes profanas en el convento” es el gesto de Dr. Atl, dice Françoise Pérus, gesto hedonista, esteticista y anarquizante, propio de un intelectual marginal, aunque arrimado al poder, en medio de las luchas del México revolucionario, en donde no quiso ver sino la eterna mecánica del universo”.
Su relato, “posee viveza descriptiva, fluidez narrativa, un gusto genuino por el habla coloquial y la anécdota, y sobre todo despliega grandes recursos humorísticos e irónicos que lo vuelven un texto sabrosísimo e íntimo. No se mantiene siempre en el rango del costumbrismo decimonónico; en efecto, consideraciones de orden sociológico, moral, existencial, espiritual, pecuniario o de intendencia, por lo general de crítica radical, asientan la voz omnisciente del autor narrador y actualizan y modernizan el género con acentos panfletarios”.
Dr. Atl permanece en el Convento de La Merced durante aproximadamente dos décadas desde 1920, desde que tenía 45 años. Antes de su llegada, contó Navarrete, “Dr. Atl huye a la Ciudad de México, anda de pordiosero en las calles del primer cuadro, vestido con la blusa de encaje rosa de una moribunda en el combate. Ahí lo rescata el celador del ruinoso y desierto Convento de La Merced, donde le asigna un cuarto de azotea y le da un zarape y un petate”.
Navarrete recordó esa faceta pronazi y antisemita presente en el Dr. Atl, de la que “José Emilio Pacheco decía que más valía olvidarse, que nadie quería acordarse de los libros pronazis que había publicado el Dr. Atl en los años 30-40 y que suelen esfumarse de las biografías”.
En su obra literaria, enfatizó Navarrete, “campea un viejo rabo verde, cachondo, mitómano con tendencia a la megalomanía. En efecto, sus cuitas profesionales rebasan la decepción personal. Él las asume como un freno al progreso de la nación a nivel comercial, urbanístico, de equidad social, de desarrollo cultural y preservación del patrimonio y también como en lo que respecta a la reputación internacional de México”.
“Como escritor, Atl seduce porque él mismo es la primera víctima de su implacable ironía, seduce por su lucidez y franqueza, su arrojo y un entusiasmo a prueba de balas. Lo anterior, desde luego, aunado a los apreciables atributos literarios de su narrativa, en que Atl cuida en todo momento el estilo y el deleite de la anécdota”, concluyó.
Peter Krieger regresó a la faceta pronazi de Gerardo Murillo. Señaló que la idea del superhombre, planteada por Nietzsche, fue abusada por los nazis y el Dr. Atl cayó en la trampa. “Es algo que frecuentemente se ve como un tabú, pero en una fase era pronazi, entonces sus escritos sobre los judíos en América, son escritos de la extrema derecha fascista”.
“También sus textos para la revista Timón, dirigida por [José] Vasconcelos, es casi también un tabú porque Vasconcelos claro es un héroe nacional, el lema de la UNAM: ‘Por mi raza hablará el espíritu’ también es de Vasconcelos, pero también ese pensador tuvo una fase muy triste y detestable en la historia de las ideas, en la historia política de México”.
“Eso comparte el Dr. Atl con Vasconcelos y esa es mi hipótesis. Su rehabilitación después de la Segunda Guerra Mundial, después de la caída del sistema de la dictadura nazi en Alemania, logra su rehabilitación como artista por medio de este libro (Cómo nace y crece un volcán. El Parícutin) que sirve como un catalizador de un evento geofísico con trascendencia mundial”.
Con esa obra, consideró Krieger, “el Dr. Atl contribuye, de manera esencial, a la identidad geomorfológica de México con la Faja Volcánica Transmexicana, algo frecuentemente olvidado. México es un país con mucha importancia como geomorfológica, geofísica, pero pocos ven esa tradición de la tierra como un valor”.
La mesa “Dr. Atl: actualidad y memoria”, organizada con motivo de la Noche de Museos, se encuentra disponible en sus plataformas digitales:
YouTube: elcolegionacionalmx
Facebook: ColegioNacional.mx
Twitter: @ColegioNal_mx
Correo de contacto: prensa@colnal.mx
DSC08552
DSC08572
DSC08533
DSC08517