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- El colegiado ofreció un recorrido sobre la presencia de escritores y escritoras con la conferencia “El Colegio Nacional y la Literatura”, dentro del programa del VIII Encuentro Libertad por el Saber
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- Alrededor de 20 escritores —autores de novela, poesía, cuento y ensayo— han pertenecido al Colnal, pero abundan casos ambiguos en este aspecto como los de Luis Villoro y Miguel León-Portilla, Dr. Atl, entre otros
- En El Colegio Nacional han estado varias de las plumas más relevantes de nuestra lengua en el ensayo, destacó el crítico
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“Haciendo sumas y restas, la presencia de la literatura mexicana en El Colegio Nacional ha sido vigorosa, rica y constante”, destacó Christopher Domínguez Michael, miembro de El Colegio Nacional, al participar en el VIII Encuentro Libertad por el Saber, con la conferencia “El Colegio Nacional y la Literatura”.
“Creo que es una de las áreas de la cual debemos sentirnos no del todo satisfechos, porque siempre faltará alguien, se habrán cometido errores, pero sí uno ofrece la lista se encuentra con la mayoría de las presencias esenciales, sobre todo de nuestra prosa. La literatura mexicana y El Colegio Nacional han hecho una combinación feliz”, celebró el crítico literario.
Al hacer un rápido recorrido por quienes han participado en la institución, Domínguez Michael recordó que alrededor de 60 personas han sido electas como integrantes de la institución en el área de las humanidades, “lo cual significa que esas personas son, de alguna manera, escritores”, con lo que para el colegiado comenzó una búsqueda un tanto entretenida, “a ratos exasperante”, sobre quién es un escritor y quién no lo es: “por ejemplo, hasta la fecha hay cierta pelea sobre colocar a Alfonso Reyes como humanista o como escritor”.
“Esta ambigüedad en la frontera de la figura del escritor es, desde luego, benéfica, rica, y hace que la cantidad exacta de escritores, de autores de novela, poesía, cuento y ensayo, para ser simples, sean alrededor de 20 los miembros de El Colegio”.
Una ambigüedad que, en el caso del ensayo, tenga como un gran ejemplo al filósofo Luis Villoro, “un gran ensayista”, lo mismo que Miguel León Portilla y “entramos en un mar de una extensión que impediría salir adelante en una charla como esta”. También hay casos raros, como el Dr. Atl, “quien fue un cuentista bastante interesante, con lo que tenemos otro caso de artista plástico que ejerció la ficción”.
“Está el caso de los filólogos, que emparento con los críticos literarios: Antonio Alatorre fue un gran filólogo, pero su libro Ensayos sobre crítica literaria es decisivo sobre la crítica literaria que se ha escrito en México. Si tuviera que hacer una enumeración de los críticos literarios que hemos estado en El Colegio Nacional, no podría faltar en mi lista Antonio Alatorre: los críticos literarios más puros que ha habido en El Colegio Nacional son Antonio Castro Leal y un servidor, aunque los dos cometimos pecadillos en la ficción”.
En su recorrido se refirió a figura señeras como Octavio Paz, Alfonso Reyes o José Emilio Pacheco, “un verdadero polímata, porque no sólo hizo poesía, cuento y novela, sino que alimentó durante varias décadas el Inventario, una columna que apareció en la revista Proceso, verdadera escuela de formación para el público en general y para los jóvenes escritores mexicanos”, donde ejercía lo que llamaba periodismo literario y están algunas de “las grandes páginas de la historia de la literatura mexicana”.
Christopher Domínguez Michael habló también de Gabriel Zaid, poeta, pero también “gran ensayista”, que en los años 60 giró por completo la idea de lo que era la crítica literaria en México, olvidando la idea de que la crítica era un rollo académico o una perorata teórica, “agregando la concepción de que la crítica era, antes que nada, un servicio del crítico hacia el lector para proceder a la lectura de los textos”.
Otro filósofo, también escritor, fue Ramón Xirau, quien hizo una labor de ensayo en las fronteras entre la literatura y la filosofía, “a mí entender de una gran profundidad”, de acuerdo con el crítico. Asimismo, está el caso de Alejandro Rossi, filósofo de formación, uno de los introductores de la filosofía analítica en México, “que terminó la última década de su vida convertido en un cuentista excelente y en el autor de una novela que publicó muy al final de su vida”.
“José Vasconcelos fue un gran prosista, en el Ulises criollo están sus memorias, pero también se ha leído como una novela de la revolución, lo cual en mi opinión es equivocado, pero también escribió cuentos; incluso, las memorias de Vasconcelos, con sus grandes tomos y sus páginas espantosas —que las tiene— son uno de los monumentos a transitar en la literatura mexicana”.
De esta manera, en El Colegio Nacional han estado varias de las plumas más relevantes de nuestra lengua en el ensayo, incluso, la presencia del ensayo literario “ha sido realmente brillante”, destacó.
Entre presencias y olvidos
En el caso de la novela, Domínguez Michael comenzó el camino con Agustín Yáñez, de quien señaló que tuvo “un destino ingrato, una mala posteridad, porque le tocó ser secretario Educación Pública, durante el movimiento estudiantil de 1968 y, aunque hay testimonios de que se opuso a la represión, a diferencia de Paz que renunció a la embajada de la India, Yáñez se alineó con el régimen, como se alineó otro que pudo ser miembro de la institución, el dramaturgo Rodolfo Usigli, uno de los grandes poetas olvidados. En mi modesta opinión: ambos pagaron el haber estado en el lado de la sombra en el movimiento que marcaría la democratización de México”.
El gran héroe literario del movimiento del 68 es José Revueltas, en su opinión “uno de los grandes escritores mexicanos de todos los tiempos”, en 1967 recibió de manos de Díaz Ordaz el premio Xavier Villaurrutia; entonces, “así como hay quien dice que la fama póstuma de Revueltas tiene que ver con su apasionada participación en el movimiento del 68, el olvido de la obra de Agustín Yáñez tiene que ver con el alineamiento con el antiguo régimen”.
El asunto es que sin Yáñez no se pueden concebir las novelas de Rulfo o de Carlos Fuentes, señaló el crítico.
“Fuentes no pudo faltar en El Colegio Nacional, el fundador de la profesión de la novela en México: el primer novelista profesional que tiene México, con el antecedente probable de Federico Gamboa, un hombre que tuvo una gran prominencia organizando la logística del boom que sacudió el mundo por muchas razones, no sólo por la altísima calidad de sus novelistas, sino porque se conjuntaron diversos fenómenos, que forman parte más que de la historia de la literatura, de la historia de la política cultural”.
Así, se debe reconocer que Fuentes no fue el autor de La muerte de Artemio Cruz, Aura o La región más transparente, sino una gran figura de la elocuencia mexicana, “a la que entiendo como ese viejo género relacionado con la capacidad del hombre público de hablar y de convencer, y más allá de las circunstancias políticas en las que unos y otros pudieron o pudimos estar de acuerdo con Fuentes, es una figura de la elocuencia pública”.
“Así, Carlos Fuentes fue una presencia absolutamente liminar en El Colegio Nacional, lo mismo que un escritor de un carácter muy distinto, Fernando del Paso, quien con muy pocos libros logró un lugar predominante en la historia de nuestra literatura”, comentó.
“En El Colegio Nacional también estuvo un raro como Salvador Elizondo, editor de una revista muy importante en la historia de la literatura mexicana, Snob, el momento más radical de la vanguardia mexicana, en alianza con el teatro y las artes plásticas; tuvo una vida efímera, pero no es nada desdeñable su papel como editor”, recordó el crítico.
De esta manera, “El Colegio Nacional ha tenido, en cuanto a la novela, la rectitud del canon, pero también la flexibilidad y la visión de admitir a un escritor heterodoxo, como Salvador Elizondo. Las grandes figuras de la novela mexicana, a las que se ha sumado Juan Villoro, han estado en la institución, “aunque desde luego han faltado”.
Sobre la presencia de los poetas, Domínguez Michael dedicó unas palabras sobre todo a la figura de Jaime Torres Bodet, el representante de los Contemporáneos que alcanzó a ingresar a El Colegio Nacional, a quien definió como una figura importante en la historia de la cultura internacional del siglo XX “y esto los mexicanos lo olvidamos”.
Sin Torres Bodet, “la Unesco no existiría, que le dio un sesgo totalmente renovador saliendo de las penumbras y las llamas de la segunda guerra mundial, que tenía una idea humanista, totalmente contraria al espíritu de la guerra fría: fue una de nuestras grandes figuras públicas”.
De esta forma, en El Colegio Nacional de México han estado los grandes ensayistas de la lengua; un novelista como Agustín Yáñez que merece ser vindicado “por lo que contribuyó a la modernidad de la novela en México, una figura totalmente estelar como Carlos Fuentes, un hombre como Fernando del Paso que cambió la percepción de un segmento esencial de la historia de México y a un escritor radical, exquisito, como lo fue Salvador Elizondo”, resaltó Christopher Domínguez Michael.
La conferencia “El Colegio Nacional y la Literatura”, dictada por el miembro de El Colegio Nacional, se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución.
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